Advent 10: Splendor

Letter of Invitation to the Wedding of Sister Thérèse of the Child Jesus and the Holy Face

Being unable to invite you to the Nuptial Blessing which was given on Mount Carmel, September 8, 1890, (the heavenly court alone was admitted), you are nevertheless asked to be present at the Return from the Wedding which will take place Tomorrow, the Day of Eternity, on which day Jesus, Son of God, will come on the Clouds of Heaven in the splendor of His Majesty, to judge the Living and the Dead.

The hour being as yet uncertain, you are invited to hold yourselves in readiness and to wait.

 

MsA77v
Page 77 verso from St. Thérèse’s original manuscript, her “letter of invitation”

 

Tarjeta de Invitación a las Bodas de Sor Teresa del Niño Jesús de la Santa Faz

No habiendo podido invitaros a la bendición nupcial que les fue otorgada en la montaña del Carmelo, el 8 de septiembre de 1890 (a la que sólo fue admitida la Corte Celestial), se os suplica que asistáis a la Tornaboda, que tendrá lugar Mañana, Día de la Eternidad, día en que Jesús, el Hijo de Dios, vendrá sobre las Nubes del Cielo en el esplendor de su Majestad, para juzgar a vivos y muertos.

Dado que la hora es incierta, os invitamos a estar preparados y velar.

 

The Story of a Soul: Manuscript A, folio number 77 verso
Translated by Fr. John Clarke, O.C.D.
Archives du Carmel de Lisieux
Copyright © by Washington Province of Discalced Carmelite Friars, Inc.

A new world to come

More than the “end of the world,” the Gospel speaks about “the truth of the world.”

The Gospel text makes an effort to tell us about the great mystery of the end of time when this world as we know it will pass away; it will end and an absolutely new world will emerge, but it will be impossible to describe. The Gospel does not speak exactly about what we call “the end of the world,” which we often imagine as a universal cataclysm, as a catastrophe in which everything will be destroyed. More than the “end of the world,” the Gospel of Mark [Mark 13:24-32] speaks about “the truth of the world.” It speaks about this world that God has created with so much love, that he has sustained and cared for over the centuries, but it will have a terminating point, an end.

Just as there is a personal end for each one of us with death, so there will be an end to this world. The world will not last forever. Only God is eternal. This world that seems so stable, so sure and eternal, one day will end. However, let’s not forget that the Gospel does not proclaim the destruction of the world, of cities, of the cosmos, or of humankind. No. What is proclaimed is that the world, as we know it today, threatened by suffering, injustice, sin, evil, and death, will end. And, it will be wonderfully recreated, transfigured into a new reality of full and everlasting life that we cannot even imagine.

Excerpt from a homily for the Thirty-Third Sunday in Ordinary Time
Bishop Silvio José Báez, O.C.D.

BAEZ - The world will not last forever BLOGsize

The world as we know it today will end and it will be wonderfully transfigured into a new reality of everlasting life that we cannot even imagine.

 

La elevación de Sta. Isabel de la Trinidad

Oh, Dios mío, Trinidad a quien adoro, ayudadme a olvidarme enteramente para establecerme en Vos, inmóvil y apacible, como si ya mi alma estuviera en la eternidad. Que nada pueda turbar mi paz, ni hacerme salir de Vos, oh mi Inmutable, sino que cada minuto me haga penetrar más en la profundidad de vuestro misterio. Pacificad mi alma, haced de ella vuestro cielo, vuestra morada amada y el lugar de vuestro reposo. Que no os deje allí jamás solo, sino que esté allí toda entera, toda despierta en mi fe, toda en adoración, toda entregada a vuestra acción creadora.

Oh Cristo mío amado, crucificado por amor, quisiera ser una esposa para vuestro Corazón, quisiera cubriros de gloria, quisiera amaros… hasta morir de amor. Pero siento mi impotencia y os pido que me “revistáis de Vos mismo”, que identifiquéis mi alma con todos los movimientos de vuestra alma, que me sumerjáis, que me invadáis, que me reemplacéis, para que mi vida no sea más que una irradiación de vuestra Vida. Venid a mí como Adorador, como Reparador y como Salvador.

Oh, Verbo eterno, Palabra de mi Dios, quiero pasar mi vida escuchándoos, quiero hacerme toda dócil a fin de aprenderlo todo de Vos. Luego, a través de todas las noches, de todos los vacíos, de todas las impotencias, quiero fijaros siempre y permanecer bajo vuestra gran luz. Oh, mi Astro amado, fascinadme para que no pueda ya salir de vuestra irradiación.

Oh, Fuego consumidor, Espíritu de amor, “venid sobre mí ” para que se haga en mi alma como una encarnación del Verbo: que yo sea para Él una humanidad complementaria en la que renueve todo su Misterio. Y Vos, oh Padre, inclinaos hacia vuestra pobre pequeña criatura, “cubridla con vuestra sombra”, no veáis en ella más que al “Amado en el que habéis puesto todas vuestras complacencias”.

Oh, mis Tres, mi Todo, mi Bienaventuranza, Soledad infinita, Inmensidad donde me pierdo, me entrego a Vos como una presa. Encerraos en mí para que yo me encierre en Vos, en espera de ir a contemplar en vuestra luz el abismo de vuestras grandezas.

El 21 de noviembre de 1904

via elisabeth-dijon.org

8 de noviembre: Santa Isabel de la Trinidad

Oh, Dios mío, Trinidad a quien adoro, ayudadme a olvidarme enteramente para establecerme en Vos, inmóvil y apacible, como si ya mi alma estuviera en la eternidad 

Fiesta de la Santa Isabel de la Trinidad, Carmelita Descalza, nacida el 18 de julio de 1880 y muerta el 9 de noviembre de 1906. En el Carmelo de Dijón se propuso ser “Alabanza de gloria de la Sma. Trinidad” y crecer en la carrera del amor a “los Tres”.

Preciosas sus elevaciones, retiros, notas espirituales y cartas. Es citada su elevación a la Trinidad en el Catecismo de la Iglesia Católica. Murió con estas palabras: “Voy a la luz, al amor, a la vida”.

Fue beatificada por el papa San Juan Pablo II el 25 de noviembre de 1984, fiesta de Cristo Rey y fue canonizada por el Papa Francisco el domingo 16 de octubre de 2016 en Roma.

Más información aquí,  aquí, y  aquí

Los santos son hombres y mujeres que entran hasta el fondo del misterio de la oración. Hombres y mujeres que luchan con la oración, dejando al Espíritu Santo orar y luchar en ellos; luchan hasta el extremo, con todas sus fuerzas, y vencen, pero no solos: el Señor vence a través de ellos y con ellos.
 Papa Francisco 
Homilía, 16.X.2016

 

 

Oh, mis Tres, mi Todo, mi Bienaventuranza, Soledad infinita, Inmensidad donde me pierdo, me entrego a Vos como una presa. Encerraos en mí para que yo me encierre en Vos, en espera de ir a contemplar en vuestra luz el abismo de vuestras grandezas

 

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