Catalina de Cardona, en la otra ladera del monte Carmelo

Teresa, de la rueca a la pluma

Tras la primera fundación de frailes teresianos en Duruelo, las circunstancias hicieron que se fundara una comunidad auspiciada por los príncipes de Éboli, en sus dominios de Pastrana.

Los protagonistas de esta fundación serían dos ermitaños italianos provenientes del desierto del Tardón: Juan Narduch (en religión, llamado fray Juan de la Miseria) y Mariano Azzaro (que tomó el nombre de Ambrosio Mariano de San Benito). Teresa de Jesús, aun sin considerarlos totalmente idóneos, ve en ellos una posibilidad de continuar la rama masculina iniciada en Duruelo: «Yo les aderecé hábitos y capas, y hacía todo lo que podía para que ellos tomasen luego el hábito» (F 17, 14).

Pastrana experimentará un gran florecimiento vocacional, pero vivirá un estilo muy desviado del que Teresa soñaba. El desequilibrio vendría, una vez más, de la mano del rigor, la gran obsesión de todas las reformas. Y leemos en una de sus cartas, dirigida…

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